Día tras día Anamora le escribe a su padre ausente. Cartas breves o no, en las que le cuenta detalles de su vida cotidiana y de su amistad con Manuel, el vecino de la planta baja con quien sale a la plaza a pasear a su conejo sin nombre. Un conejo que solo podrá ser nombrado al final, cuando Anamora rehaga la imagen de su padre perdido y recuperado a través de la palabra.