TRISTE, SOLITARIO Y FINAL
Desde que era niño Osvaldo Soriano tenía predilección por los derrotados. Eso explica su obsesión por Laurel y Hardy. La dupla cómica enfrentó el éxito de un titán: Charles Chaplin y, luego, la impiedad de la industria cinematográfica norteamericana. Soriano había visto como la inefable pareja "El Gordo y el Flaco" había encantado al público del mundo, pasando del cine mudo al sonoro sin perder la eficacia de su humor delirante, pero también fue espectador de su paso al olvido.
Una noche, por destino y azar, se topó con Raymond Chandler: un amigo le regaló El largo adiós y quedó deslumbrado por su protagonista, Philip Marlowe. Ese detective duro y honesto era la pieza que faltaba en el rompecabezas que quería narrar, el indicado para investigar las desventuras de la pareja de cómicos. Soriano decidió incorporarse a la historia. Tenía sentido, el autor y sus personajes compartían una ética: gente indepen-diente que trabaja para ser independiente, se juega por los amigos y, en todo caso, te apuñala de frente.
Triste, solitario y final es una novela extraordinaria, divierte y emociona. De allí su vigencia. Es, además, el primer peldaño de una obra sólida, profunda, conmovedora y popular.
Edad recomendada: Adultos.
SORIANO OSVALDO
1943-1997 comenzó a trabajar en periodismo Primera Plana, Panorama, La Opinión a mediados de los años sesenta, y se dio a conocer como escritor en 1973 con su originalísima novela Triste, solitario y final. Si bien publicaría sus dos libros siguientes No habrá más penas ni olvido y Cuarteles de invierno durante su exilio en Europa, la aparición de ambos en la Argentina en 1982 lo convertirían in absentia en el autor vivo más leído del país. Su retorno con la democracia y su rol como alma mater del diario Página 12 reforzarían aun más este vínculo con los lectores: cuatro novelas más A sus plantas rendido un león, en 1986; Una sombra ya pronto serás, en 1990; El ojo de la patria, en 1992 y La hora sin sombra, en 1995 y cuatro volúmenes con sus mejores crónicas periodísticas Artistas, locos y criminales, en 1984; Rebeldes, soñadores y fugitivos, en 1988; Cuentos de los años felices, en 1993 y Piratas, fantasmas y dinosaurios, en 1996 habrían de transformarlo en un clásico contemporáneo de la literatura argentina. Sus libros han sido traducidos a dieciocho idiomas y adaptados con éxito a la pantalla cinematográfica.