Vivimos en una sociedad que se escapa del vacío existencial.
Lo llenamos con trabajo, comida, compras, redes sociales,
alcohol... Pero, tarde o temprano, se abre un hueco que nos
deja expuestos a nuestra infelicidad y angustia. Ahí nos
sentimos agotados; frágiles, llenos de miedo, inmersos en
un sinsentido desolador. ¿Qué hacemos con esta carga física,
mental y emocional? ¿Cómo romper el círculo vicioso que
nos tiene anestesiados viviendo en piloto automático?