PALABRAS QUE YA NO EXISTEN
Inés Ulanovsky tiene una habilidad especial: encuentra fotos en todas partes. En la última escena de Las fotos, por ejemplo, Inés rescata cuatro negativos de una montaña de basura con la que se cruza cuando vuelve de la verdulería. Y este libro, Palabras que ya no existen, empieza con una lluvia de diapositivas que ve caer desde su ventana. Inés baja corriendo a la calle, las junta y se las lleva todas a su casa. En una de esas diapositivas se ve a un hombre de camisa y corbata que intenta abrir el capot de un auto color crema. A su lado una mujer con collares, peinada de peluquería, lo observa con una mirada tal vez un poco crítica. Deben ser los años 60, casi la escena de una película. La mujer de la foto se parece a Nelly Beltrán, una actriz cómica de televisión que en esa época era muy popular. Pero hoy ya casi nadie se acuerda de Nelly Beltrán. No solo los personajes anónimos desaparecen, también desaparecen los que alguna vez fueron famosos. La diapositiva rescatada del olvido, publicada en un libro, le da a estos personajes una nueva oportunidad, algo así como una sobrevida.
Hace más o menos un mes terminé de vaciar el departamento que era de mi madre. Regalé ropa, dos escritorios, libros y un colchón; doné cortinas, toallas y sábanas; y me llevé varios muebles a mi casa. Pero en el departamento había muchas cosas que no quería ni regalar ni donar ni llevarme a mi casa; tampoco quería tirarlas. Entre ellas algunos cuadros, sillas, un juego de vajilla inglés y fotos, muchas fotos. Fotos en papel en distintos tamaños, algunas enmarcadas, cajas con diapositivas y sobres con negativos. Todas fotos del siglo XX, imágenes de mis bisabuelos, de mis abuelos, de mi hermana, de mi padre, de mi madre, de mí, y de algunas personas que no pude reconocer.
Mi idea era alquilar la casa y en un momento se me ocurrió guardar todas esas cosas en el cuarto de servicio y dejarlo cerrado. La puerta tenía cerradura pero la llave se había perdido, quién sabe cuándo. Un cerrajero hizo una llave nueva. En el departamento ahora viven otras personas. El cuarto de servicio está cerrado con llave, como una cápsula de tiempo. No sabía qué hacer con todas esas cosas y mi respuesta fue guardarlas en un cuarto y cerrarlo con llave. A Inés seguramente se le habría ocurrido algo mejor.
Martín Rejtman
Edad recomendada: Adultos.