NO SOMOS NAVEGANTES SOLITARIOS
Hubo un día en el que Norberto Díaz encontró su atelier y allí decidió emprender una travesía por la memoria, con la destreza de mirar hacia atrás sin quedar atrapado en ella. Navegó por la infancia, los potreros, el perfume de las mandarinas y los trenes del pueblo. Convocó a la familia, a los amigos, a vecinos y a otros desconocidos que, como él, atravesaron caminos.
Visitó ciudades; se instaló en una. El vuelo hizo escalas en paisajes, barriletes, miradas, vigilias, atardeceres y mañanas. Celebró su amor en cada viaje. Hubo lluvias que trajeron dudas, pero también una brújula que sembró calma. Cada poema de esta travesía por la memoria cruza un instante de la historia del autor, quien nos enseña que por la vida no se va solo porque No somos navegantes solitarios.
Edad recomendada: Adultos.