El primer texto de escritura automática de la historia, creado a cuatro manos por dos de los máximos exponentes del movimiento surrealista. En el París de 1919, André Breton y Philippe Soupault son dos jóvenes que sienten el deseo de escribir «un libro peligroso». Un experimento en el que se jugarán el todo. Escribir sin corregir, a la escucha, con rapidez y sin ninguna pretensión estética. Se trata de registrar el murmullo, ese «dictado» que tiene lugar en nuestro interior y que, para ser auténtico, debe desprenderse de cualquier consideración acerca de su sentido y su valor. Libre de cualquier atadura. Por tanto: revolucionario. Para ello se dan un plazo de entre dos semanas y un mes, llegando a dedicarle hasta diez horas al día. Como quien se dispone a jugar, cada tarde se sientan a la misma mesa, enfrentados, y escriben a toda velocidad, sin detenerse. La jornada termina sin más cuando el dictado se agota. De este modo, los poetas se adentran en territorio desconocido. Y la sorpresa primero, y la euforia después, no tardan en aparecer. No es para menos. Lo que aparece, eso que cada noche recogen, está muy por encima de sus expectativas. Así comenzará todo y, más concretamente, el surrealismo. Los campos magnéticos es un texto fundacional sobre el que Breton reflexionó años más tarde en «El mensaje automático», texto incluido también en esta edición e inédito en castellano hasta la fecha.
BRETON ANDRE
Una de las figuras más representativas de las grandes pulsiones artísticas y literarias del primer tercio del siglo XX es sin duda André Breton 1896-1966 . Breton creía que el ser humano es como un animal encerrado en una jaula, dando vueltas y vueltas sobre sí mismo, y asumió una suerte de pasión amorosa por la pureza salvaje, por la desnudez original, donde la vida vuelve a ser lo que era, realidad viviente, no una mera exterioridad cuantificable sin sustancia ni contenido. Y pensó que esto sólo puede cumplirse si la potencia del deseo nos conduce a las raíces más profundas y auténticas de la Imaginación. De ahí que terminara proclamando que «solamente es bello lo maravilloso», como da buena muestra el río de imágenes que seleccionó tan cuidadosamente para este libro.