LOS ESTUDIOS
«He juntado, esperado, en tu juventud de nueve meses. Donde te encuentras. Y me haces cambiada. Ahora las rodillas salen de las faldas, empeñadas, y los muslos opacos y a veces recubiertos. Sutiles y humos los tobillos. Tendía los ojos por mínimas grietas del cuerpo, y conseguía más lunares, briznas de lunares amarronados. Quedaban lejos, razones olvidadas, formas olvidadas. Añoranzas que no invaden.
He juntado, esperando, fotografías, guras, de antigua vendedora de pájaros o de limones por las calles. O leyendas. Manchadas de enjambres de vuelo en mis mejillas fulgurantes, en los zarcillos. Y mis pechos oscureciendo, aumentando, separados de mis dedos. Sobre alfarería zigzag que mis manos palpaban lo que es. Y pubis nudo. Y muslos de lluvia. Y ancos rojos. Y pies ipap. Y su danza.
He juntado, esperando, en el bosque de abetos blancos, tomando medidas del vestido, y el sol leve del ruedo falda, y pliegues con los pliegues, y diseños. Debajo de una lámina o tejido, imagino de los besos húmedos nuestros.
Porque siento los síntomas de tus señales. Ya son mi dicha. Y tú, amor, estás aposentado, en el sitio que te guardó mi sangre. Y duermes en mi vientre, temblando por tus sueños.»
NICOLÁS PEYCERÉ
Nicolás Peyceré fue uno de los autores más originales de la literatura argentina contemporánea. Médico, psicólogo, escritor con obra publicada tardíamente, su carrera literaria, exquisita y alejada de todas las corrientes de la moda, se mantuvo siempre en los carriles de esa literatura que es leída más que nada por escritores. Amigo de filósofos, artistas e intelectuales, su búsqueda más profunda fue sin duda la de desentrañar el alma femenina y el valor de la palabra en la cotidianidad. Su libro Los días sentimentales Adriana Hidalgo, 2005 es una clara muestra de su derrotero: novela escrita en cuadros donde se mezcla lo pictórico con lo autobiográfico y que habla desde una primera persona femenina en un tono alejado de todos los lugares comunes. En 2017 la editorial Mansalva publicó su último libro Las tardes con Úrsula, volumen donde la obsesión de Peyceré por la sintaxis y el sentido del habla se plasmó definitivamente.
Edad recomendada: Adultos.