Símbolo incuestionable de integridad moral y fuerza vital, Antígona es una de las figuras mitológicas más tratadas en la historia del pensamiento. A ella, escribía María Zambrano 1904-1991 en 1948, «no podemos dejar de oírla», pues «la tumba de Antígona es nuestra propia conciencia oscurecida». La pensadora nunca abandonó su interés por esta heroína, cuya trágica historia, narrada por Sófocles en la tragedia homónima, encierra numerosos asuntos que Zambrano trató con hondura a lo largo de su trayectoria intelectual: la estrecha línea fronteriza entre filosofía y literatura, el carácter social y político de la libertad, el uso y abuso del poder, el exilio o el protagonismo de lo femenino. Introducción de Marifé Santiago Bolaños. Esta edición reproduce la fijación del texto que hizo Sebastián Fenoy Gutiérrez en el Vol. III de las OO.CC. de María Zambrano, 2011.
ZAMBRANO MARIA
María Zambrano Alarcón nació en Vélez-Málaga el 22 de abril de 1904 y falleció en Madrid el 6 de febrero de 1991. Hija de maestros, se trasladó con su familia a Madrid y luego a Segovia, donde cursó estudios secundarios. Entre 1924 y 1927 estudió Filosofía en la Universidad Central de Madrid, asistiendo a clases de Ortega y Gasset, García Morente, Besteiro y Zubiri. En 1931 fue profesora auxiliar de Metafísica en la misma universidad y colaboró en revistas como Revista de Occidente y Cruz y Raya. Tras la Guerra Civil se exilió en Francia y posteriormente residió en Cuba, México, Puerto Rico, Italia y Suiza, desarrollando una intensa producción filosófica y literaria. Entre sus obras destacan Filosofía y poesía, El hombre y lo divino y Claros del bosque. Regresó a España en 1984 y recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1981 y el Premio Cervantes en 1988.