Internándonos en las lecturas sobre el lawfare descubrimos un problema mayor: las condiciones que lo posibilitaron con la instauración de gobiernos de excepción que en la región comenzaron con la presidencia de Mauricio Macri 2015 y la destitución de Dilma Rousse? 2016 . Si Argentina y Brasil podían imponer neodemocracias después de todo hay neoliberalismos, neonazis, neoconservadurismos , era de suponer que esos nuevos emprendimientos institucionales servirían de ejemplo para el resto. Democracias fraguadas, no por la manipulación de datos electorales, sino por el encarcelamiento, incubación de desprestigio y persecución de los principales candidatos a ganarlas. No tuvieron hijos no reconocidos, ni participaron de cohechos, ni desviaron fondos públi-cos, ni resultaron ser autores intelectuales de triples crímenes o de ?scal alguno.