El malentendido y el enigma acecharon desde siempre a Federico Moura. Ninguna de las simplificaciones que se siguen repitiendo como verdades reveladas y terminantes logran abarcar a Virus, la banda con la que se convirtió en una estrella de primera magnitud que excede a la constelación del rock. Un grupo capaz de una obra tan sutil, tan filosa, tan furiosa y críticamente alegre como es Recrudece, su segundo disco. O de una obra tan radicalmente crítica de la postmodernidad y tan desesperadamente romántica como Superficies de placer, el último que tuvo como cantante a Federico. Por sus mejores realizaciones, se puede pensar a Virus como un organismo de capacidades muy superiores a la mera suma de sus partes. La base rítmica de ajuste perfecto sostenida por Enrique Mugetti, Ricardo Serra y Mario Serra, la medida guitarra y la desmedida capacidad compositiva de Julio Moura, la polifuncionalidad de Marcelo Moura, la posterior aparición de Daniel Sbarra, las tácticas de guerra y de juego de Roberto Jacoby y, sobre todo, el canto y el encanto de Federico Moura. Una perfecta máquina de potenciar se . Irónicos, sí, pero jamás cínicos. Divertidos también, pero no por tontos, sino por inteligentes. En Federico Moura. Ironía y romanticismo, Juan Bautista Duizeide recorre todos estos mundos y da cuenta de su legado hasta la actualidad.
DUIZEIDE JUAN BAUTISTA
Juan Bautista Duizeide nació en Mar del Plata, Argentina, y reside en una isla del Tigre. Se desempeñó como piloto de ultramar y navegó por el Atlántico, el Pacífico, el Mar del Norte y el Báltico, enfrentando situaciones de riesgo como un naufragio cerca de Tierra del Fuego. Su obra literaria se centra en el mar y la vida en los barcos, con relatos y novelas que exploran ese universo. Entre sus títulos se encuentra Vuelta encontrada, protagonizada por el capitán Gonzaga. Además de su labor como escritor, trabajó como marino mercante y ha desarrollado una producción narrativa singular y extensa.