EL IMPERIO DE LOS SIGNOS
El Japón es el país de la escritura. En 1970, Roland Bar thes dedica una obra al sistema simbólico japonés, en un viaje no por el Japón real, sino por el de sus signos. Barthes no es el turista que pasea por las calles, degusta la gastronomía o asiste a representaciones teatrales, sino el semiólogo que se afana por interpretar el significado y el significante. El resultado es un tratado sobre el signo, sus reglas y su belleza.
Con El Imperio de los signos, Roland Barthes, uno de los máximos representantes del postestructuralismo francés y uno de los padres de la semiótica moderna, inicia una fase en la que comienza a sentirse escritor, a construir un estilo propio; en palabras del autor: «Este libro es una especie de entrada, no tanto en la novela cuanto en lo novelesco.»
Ésta es una obra de culto para todos aquellos que aceptan el extrañamiento que supone la confrontación con la civilización japonesa. Su lectura nos obliga a desprendernos de nuestras referencias y códigos culturales para entrar en un mundo dedicado enteramente al signo. Años después de su redacción, y pese a la evolución sufrida por algunos aspectos de la sociedad japonesa, los análisis de Roland Barthes permanecen inalterables.
Edad recomendada: Adultos.
BARTHES ROLAND
1915-1980 Fue una de las figuras intelectuales más importantes que emergieron en Francia en la posguerra, y sus escritos son, todavía hoy, objeto de estudio y discusión. Este crítico y ensayista francés, nacido en noviembre de 1915, desarrolló gran parte de su trabajo en un ambiguo espacio entre la lingüística y la literatura. Entre sus libros, obtuvieron gran reconocimiento sus estudios semiológicos sobre la imagen. En 1977 fue designado titular de la cátedra de Semiología Literaria del Collège de France, que fue creada especialmente para él por consejo de Michel Foucault. En su Lección inaugural, publicada por Siglo XXI Editores, Barthes se definió a sí mismo como "un sujeto incierto": demasiado literario para los lingüistas, que siempre lo consideraron un intruso; demasiado lingüista para los críticos literarios, que pocas veces llegaron a entenderlo. Quizá sea este rasgo el que lo ha convertido en uno de los pensadores y teóricos más influyentes en su campo.