El 20 de febrero de 1892 se estrenó El abanico de lady Windermere en el Teatro St. James de Londres. Al caer el telón el público ovacionó y a gritos pidió por el autor. Oscar Wilde apareció con un cigarrillo en su mano enguantada y dijo: "Damas y caballeros, he disfrutado inmensamente de esta velada. Los actores nos han entregado una fascinante representación de una pieza encantadora y, con su aprecio, ustedes demuestran su inteligencia. Los felicito por el gran éxito de su actuación, que me convence de que consideran a la obra tan buena como la considero yo". Si Wilde, personaje de sí mismo, se divertía con una actitud provocativa, el escritor, por su parte, es capaz de hacerle decir a lady Windermere: Las acciones son la primera tragedia de la vida, las palabras la segunda. Las palabras son quizá la peor. Las palabras son despiadadas...
WILDE OSCAR
Oscar Wilde nació en Dublín en 1854 y murió en París en 1900. Fue un escritor, poeta y dramaturgo de enorme importancia hacia el final de la época victoriana. Dueño de un estilo único, ingenioso, provocador e iconoclasta, es recordado por sus obras de teatro La importancia de llamarse Ernesto, El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia, La duquesa de Padua, entre otras, por los famosos cuentos El príncipe feliz o El gigante egoísta, y sobre todo por su única novela, El retrato de Dorian Gray. También escribió epigramas, poesía y textos periodísticos. Fue una personalidad de la cultura muy destacada en su tiempo, por lo que su prematura e injusta muerte tuvo un impacto que reverbera hasta hoy.