Las de Bram Stoker y Jonathan Harker fueron vidas paralelas. Stoker era el secretario particular de Henry Irving, un reputado actor shakespeariano y propietario del Lyceum Theatre de Londres; Harker, el del enigmático conde Drácula, quien lo convocó a su castillo de Transilvania para negociar la adquisición de una mansión en Londres. No es casual que el personaje de Drácula se inspire en las facciones e idiosincrasia de Irving, ni que Stoker hiciese una lectura pública en el Lyceum Theatre días antes de su edición. Drácula es la novela vampírica por antonomasia. En ella se concitan los grandes ejes temáticos del subgénero: la lucha entre el bien y el mal y la sexualidad del vampiro, con una estética victoriana y un despliegue estilístico abrumador. Todo ello la convierte en un clásico incontestable e imperecedero.
STOKER BRAM
Stoker fue hijo de Abraham Stoker y Charlotte Mathilda Blake Thornley. Durante su infancia sufrió problemas de salud que lo mantuvieron postrado hasta los siete años, pero posteriormente destacó como estudiante y atleta en el Trinity College de Dublín, donde se graduó en matemáticas. Entre 1867 y 1877 trabajó como funcionario en Dublín y escribió críticas teatrales para The Evening Mail. En 1878 se trasladó a Londres y se convirtió en secretario y representante del actor Henry Irving en el Lyceum Theatre, cargo que desempeñó hasta 1902. Su producción literaria incluye novelas como La dama del sudario y La guarida del gusano blanco, aunque Drácula fue la obra que lo consagró dentro del género gótico. Su éxito y popularidad hasta nuestros días es tal, que Drácula es sinónimo de vampiro. Para crear este personaje, Stoker se basó en leyendas del folclore europeo y en la figura de Vlad Tepes, un príncipe de Valaquia que pasó a la historia con el terrorífico sobrenombre de El empalador.