CUENTOS DE FRONTERA
Los Cuentos de frontera de Sadie Madhur son incorregibles como las epifanías o los sueños. Su cadencia hipnótica detiene e impide toda fuga de la atención, convierte el intento de apresarlos en una genealogía en falta de decoro, un atentado a las buenas maneras. Los títulos lacónicos, meramente indicativos, esconden alephs abordables, cierto mareo viajero. Solo que, como lector, como lectora, uno nunca sabe dónde está. Imágenes potentes que invitan a la enumeración caótica: un piano que puede cargarse a la espalda, el ideograma cabeza de algodón, "Las chicas de Flores" -una cita-, el gran depredador nocturno que tiene salvia en las venas, la certeza de que el budismo es tranquilo y que el lado positivo de la neumonía es la forma que adopta la tristeza, la misma que las hojas del liquidámbar en otoño. Los cuentos de Sadie no se pueden soltar. Sí, ya sé, cosas como estas suelen decirse en las contratapas, pero en este caso es verdad.
Edad recomendada: Adultos.