La conversión es un giro del alma, un cambio radical de perspectiva. A partir de esa experiencia crucial todo se resignifica, especialmente, la propia vida. Surge entonces la confesión que es, sobre todo, un reconocimiento de la grandeza divina que ha guiado ese periplo. En él se descubre la fragilidad humana. Así, las Confesiones son la dramática y, a la vez, gozosa experiencia de reconocer a Dios, lo que implica verse a sí mismo como un ser creado y recreado por Él. Precedida de un estudio preliminar y enriquecida con profusas notas históricas, filológicas y especialmente filosóficas, la presente versión está redactada en un español neutro y actual que, al mismo tiempo, se propone recuperar el ritmo de la prosa agustiniana. Así, acompaña al lector en este viaje de Agustín hacia lo más íntimo de su alma. Más allá del momento particular en el que las Confesiones fueron escritas, y sobre el que también ilustra esta versión, el hombre de hoy se ve muchas veces reflejado en ellas, porque su perenne actualidad las hace un clásico insoslayable.
SAN AGUSTIN
an Agustín, cuyo nombre de nacimiento fue Aurelio Agustín, nació el 13 de noviembre del 354 en Tagaste, en el Imperio romano, y murió el 28 de agosto del 430 en Hipona. Fue filósofo, teólogo y obispo cristiano, ordenado sacerdote en 391 y obispo en 395. Su madre fue Mónica de Hipona y su padre Patricio Aurelio. Es conocido por obras como Confesiones, escrita entre 397 y 398, y La ciudad de Dios, redactada entre 412 y 426. Fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1295 por el papa Bonifacio VIII y su sepultura se encuentra en San Pietro in Ciel d'Oro, en Pavía.