"Claros del bosque" es uno de los libros esenciales de la trayectoria filosófica de María Zambrano en el que vemos, por primera vez, en marcha su "razón poética". Nadie mejor que la propia autora para presentarnos el significado de esta obra: "Claros del bosque" dentro de mi pensamiento vertido en lo impreso, salvo alguna excepción, aparece como algo inédito salido de ese escribir irreprimible que brota por sí mismo y que ha ido a parar a cuadernos y hojas que nadie conoce, ni yo misma, reacia que soy a releerme. Tenía que suceder por fuerza. Mas creo que el carácter de ofrenda de "Claros del bosque" a la persona a quien va dedicado en su tránsito tiene que ver en ello, acentuando así el carácter de ofrenda que todo lo que he publicado tiene desde siempre. Nada es de extrañar que la razón discursiva apenas aparezca. Con anterioridad esbocé una "Crítica de la razón discursiva" que no podría prometerme que salga de ese estado. Creo, pues, que como libro es el que más responde a esa "idea" hace tiempo formulada de que "pensar es ante todo como raíz, como acto descifrar lo que se siente", entendiendo por sentir el "sentir originario", expresión usada por mí desde hace años. Y también que "el hombre es el ser que padece su propia trascendencia" en un incesante proceso de unificación entre pasividad y conocimiento, entre ser y vida. Vida verdadera, sorprendida tan sólo en algunos claros que se abren en la espesura inicial entre cielo y tierra. Y en el remoto horizonte donde cielo y tierra, ser y vida, vida y muerte se anegan.
ZAMBRANO MARIA
María Zambrano Alarcón nació en Vélez-Málaga el 22 de abril de 1904 y falleció en Madrid el 6 de febrero de 1991. Hija de maestros, se trasladó con su familia a Madrid y luego a Segovia, donde cursó estudios secundarios. Entre 1924 y 1927 estudió Filosofía en la Universidad Central de Madrid, asistiendo a clases de Ortega y Gasset, García Morente, Besteiro y Zubiri. En 1931 fue profesora auxiliar de Metafísica en la misma universidad y colaboró en revistas como Revista de Occidente y Cruz y Raya. Tras la Guerra Civil se exilió en Francia y posteriormente residió en Cuba, México, Puerto Rico, Italia y Suiza, desarrollando una intensa producción filosófica y literaria. Entre sus obras destacan Filosofía y poesía, El hombre y lo divino y Claros del bosque. Regresó a España en 1984 y recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1981 y el Premio Cervantes en 1988.